Note sull'episodio
A los 32 años, en plena maternidad y sin antecedentes familiares, Meli recibió un diagnóstico que cambió su vida para siempre: cáncer de mama. Lo que parecía una sola batalla se convirtió en un camino largo y complejo, marcado por mastectomía, tratamientos, metástasis ósea, recaídas, cirugías, pérdida de movilidad y años de aprender a vivir con una enfermedad que, en su caso, no se cura, solo se controla. En ese proceso, el cuerpo enfermó, pero el alma comenzó a despertar. La enfermedad la obligó a detenerse, a mirarse con honestidad y a tomar decisiones profundas: poner límites, dejar de callarse, pedir ayuda, reconstruirse emocionalmente y elegir el amor propio como una forma de supervivencia. La fe, lejos de los discursos, se hizo evidente en los hospitales, en los quirófanos, en la soledad y en las personas que llegaron justo cuando más lo ne ...